Cardenal Tobin:
La Cuaresma nos ayuda a conocer la profundidad del amor de Dios por nosotros

Haga clic a un botón para ver la sección

An image of the rejoice in the lord web banner with an image of cardinal tobin and the archdiocese crest.

Vol. 7. No. 15

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:

La Cuaresma es el tiempo del año en que la Iglesia nos anima a hacer un examen minucioso de nuestra salud espiritual y luego a tomar las medidas necesarias para que el poder sanador de Jesús nos restaure por completo. Las seis semanas y media de Cuaresma nos proporcionan una estructura para diagnosticar los síntomas y las causas profundas de nuestra pecaminosidad. Durante este tiempo especial del año, la Iglesia nos anima a aprovechar el poder sanador de los sacramentos, especialmente el sacramento de la reconciliación, para admitir nuestro egoísmo y nuestro pecado, experimentar un cambio de corazón, negarnos a nosotros mismos y cambiar nuestra forma de vivir.

En su mensaje para la Cuaresma de 2026 (véase más abajo), el papa León XIV escribe: “Todo camino hacia la conversión comienza por permitir que la palabra de Dios toque nuestro corazón y acogerla con espíritu dócil”. La apertura a la palabra de Dios es el primer paso que debemos dar para experimentar el poder sanador del amor de Dios. Al escuchar lo que Dios tiene que decirnos, y al reconocer y responder al clamor de los que están angustiados y sufren, descubrimos quiénes estamos llamados a ser como discípulos misioneros de Jesús.

El sacramento de la reconciliación es como un cambio de aceite para el alma. Es como mover los muebles de nuestra alma y llegar a los lugares que escapan a la limpieza diaria. A través de este gran sacramento, permitimos que Jesús entre en nuestros corazones y nos limpie de todas las impurezas—grandes y pequeñas—que se han acumulado con el tiempo. Nos presentamos ante él para que sane tanto nuestros síntomas como sus causas fundamentales.

Jesucristo es el Médico Divino del cuerpo y del alma. En su Encarnación, Jesús se acercó, con palabras y obras, a sanar a los que padecían enfermedades del cuerpo y del alma. En su pasión, muerte y resurrección, venció al pecado y a la muerte, convirtiéndose en la fuente de la sanación definitiva para todos. A través del Espíritu Santo, Jesús dio a sus discípulos una parte de su propia vida, para que el poder sanador de sus palabras y obras pudiera seguir presente en el mundo a través de ellos. Y a través de los sacramentos, Jesús mismo sigue estando presente en todo momento y lugar, sanándonos y atrayéndonos a la comunión que comparte con el Padre y el Espíritu.

Durante esta Cuaresma, esta temporada de sanación, quiero recordar a todos los católicos bautizados de la Arquidiócesis de Newark los grandes dones de purificación y sanación que están a nuestra disposición en el sacramento de la reconciliación. A través de este gran sacramento, nuestro Redentor nos invita a una sanación que trae reconciliación y comunión—con Dios, con los demás y con nosotros mismos en lo más profundo de nuestro ser.

Cuando examinamos nuestra conciencia en preparación para confesar nuestros pecados, tengamos presente lo que enseña el papa León sobre “una forma muy práctica y a menudo poco apreciada de abstinencia: la de abstenerse de palabras que ofenden y hieren a nuestro prójimo”. Nosotros, los pecadores, podemos ser muy crueles con los demás—especialmente con aquellos que son diferentes a nosotros o que no están de acuerdo con nosotros. Para cambiar nuestros hábitos, el Santo Padre nos exhorta:

Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad en nuestras familias, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz. 

Espero sinceramente que cada uno de nosotros aproveche este tiempo de oración, ayuno y limosna para conocer la profundidad del amor de Dios por nosotros. Y, de manera especial, espero que esta Cuaresma sea un tiempo en el que cada uno de nosotros redescubra el poder sanador que se nos ofrece a través del sacramento de la reconciliación.

Sinceramente suyo en Cristo Redentor,

Cardenal Joseph W. Tobin, C.Ss.R

Arzobispo de Newark


El Regalo de Dios del Perdón: Una Exhortación Pastoral sobre el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

“¡La paz sea con ustedes!” Con estas palabras, el Señor Resucitado saludó a sus asustados Apóstoles en el Cenáculo el día de su Resurrección. Estaban preocupados, ansiosos y temerosos—muy parecido a cada uno de nosotros en algún momento de nuestras vidas. Cristo repitió las palabras: “La paz sea con ustedes.” Pero luego añadió: “Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen sus pecados, les son perdonados” (Jn 20,19-23).

¡Qué regalo tan extraordinario! El Señor Resucitado estaba proclamando que todo el sufrimiento que acababa de soportar era para poner a disposición los dones de la salvación y el perdón. Él quería que los Apóstoles recibieran estos dones. Quería que se convirtieran en apóstoles de este perdón para los demás.

En el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, también llamado confesión, nos encontramos con el Señor, que desea concedernos el perdón y la gracia de vivir una vida renovada en él. En este sacramento, nos prepara para recibirlo libres de pecado grave, con una fe viva, una esperanza sincera y un amor sacrificial en la Eucaristía. La Iglesia considera la confesión tan importante que exige que todo católico se confiese al menos una vez al año.1 La Iglesia también fomenta la confesión frecuente con el fin de acercarnos más a Cristo Jesús y a su Cuerpo, la Iglesia. Por la gracia del Espíritu Santo, buscamos el perdón y la conversión, nos liberamos de los patrones de pecado, crecemos en la vida de virtud y damos testimonio de una conversión gozosa. Dado que las gracias del sacramento son tan similares al propósito de la Nueva Evangelización, el Papa Benedicto XVI ha dicho: “¡La Nueva Evangelización… comienza en el confesionario!”2

Nosotros, obispos y sacerdotes, estamos ansiosos por ayudarte si experimentas dificultad, vacilación o incertidumbre al acercarte al Señor en este sacramento. Si no has recibido este sacramento sanador en mucho tiempo, estamos listos para recibirte con las palabras: “Él le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero ahora debemos celebrar y alegrarnos, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido encontrado.’” (Lc 15:31-32). Nosotros, a quienes Cristo ha ordenado ministrar este perdón en su nombre, también nos acercamos a este sacramento, tanto como penitentes como ministros, a lo largo de nuestras vidas y en este momento especial de gracia durante la Cuaresma. Queremos ofrecernos a ti como pecadores perdonados que buscan servir en el nombre del Señor.

Durante la Cuaresma—además de los diversos servicios penitenciales durante los cuales se realiza la confesión individual—nosotros, obispos y sacerdotes, nos haremos disponibles con frecuencia para la celebración individual de este sacramento. Oramos para que, mediante la obra del Espíritu Santo, todos los católicos—clero y laicos—respondan al llamado de la Nueva Evangelización para encontrarse con Cristo en el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación. ¡Ven al Señor y experimenta la gracia extraordinaria de su perdón!

  1. Catecismo de la Iglesia Católica, nos. 1457-1458.
  2. Papa Benedicto XVI, Discurso en el Curso Anual sobre el Fuero Interno Organizado por la Penitenciaría Apostólica

Cómo ir a la Confesión

Descargue “El Regalo de Dios del Perdón” (del sitio web de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos).

Visite la página web de USSCB sobre la Confesión.


Carta Pastoral del Cardenal Tobin sobre “Somos Sus Testigos”

Marzo 4, 2026

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Que la paz de Cristo nuestro Redentor esté con ustedes.

Al reflexionar sobre nuestra misión como discípulos de Jesús, me vienen a la mente las palabras del papa León XIV en su exhortación apostólica Dilexi Te (Sobre el amor a los pobres), publicada el 4 de octubre de 2025, festividad de san Francisco de Asís. Él escribió que “el amor cristiano supera cualquier barrera, acerca a los lejanos, reúne a los extraños, familiariza a los enemigos… Hace posible lo que parecía imposible”. Sus palabras nos recuerdan que el centro de nuestra fe es el amor, un amor que no conoce límites, no busca enemigos y nos llama a ir más allá de lo que creemos posible.  

Espero que estén de acuerdo conmigo en que esta reflexión nos anima a todos a reexaminar quiénes somos como discípulos misioneros de Jesucristo llamados a conocerlo, amarlo y servirlo en las comunidades parroquiales del norte de New Jersey. ¿Somos una Iglesia que “no pone límites al amor”? ¿Estamos dispuestos a hacer “posible lo que parecía imposible”? ¿O insistimos en limitarnos a hacer las cosas como siempre las hemos hecho? 

Hace unos meses en la Arquidiócesis de Newark emprendimos la iniciativa Somos sus testigos como una respuesta, cimentada en la oración y la reflexión, a las realidades que tenemos frente a nosotros, para que Dios renueve y prepare nuestra Iglesia para la misión a la que ha sido llamada. Quiero compartir con ustedes dónde nos encontramos y cómo debemos avanzar juntos, preguntándonos con renovada urgencia: ¿Qué significa hoy día ser una Iglesia misionera en el norte de New Jersey? ¿Cómo podemos ser de verdad “una Iglesia que no pone límites al amor”?

El liderazgo de la Arquidiócesis los ha escuchado. En las conversaciones que se llevaron a cabo en casi todas las parroquias, muchos de ustedes hablaron con convicción y esperanza sobre cómo convertirse en parroquias más misioneras: comunidades dispuestas a compartir la responsabilidad de formar discípulos, ansiosas por salir más allá de los muros de la parroquia y vivir unas vidas que inviten a las personas a ir a Cristo. Otros expresaron temor, incertidumbre y resistencia, especialmente sobre la posibilidad de fusiones o cierre de parroquias. Algunos no veían la necesidad de ningún cambio.

Es importante decir claramente que algunas parroquias y algunos feligreses llegaron a creer, erróneamente, que el objetivo principal de Somos sus testigos era cerrar iglesias. Ese nunca ha sido el propósito. Esta labor que estamos llevando a cabo no está motivada por la reducción del número de parroquias, sino por la misión: por el llamado a fortalecer la vida parroquial, de modo que pueda formar en sus miembros verdaderos discípulos y llegar a aquellos que aún no participan en la vida de la Iglesia.

Continúe leyendo la carta pastoral del Cardinal Tobin AQUÍ.


An image of Pope Leo XIV’s coat of arms.

Un mensaje del Papa León XIV:
En el Cristo Único, Somos Uno

Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: “Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor” (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Nuestro Dios es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad. Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que “la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”.

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: “es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos”. El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque “no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios”. En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que “sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana”.

Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad en nuestras familias, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz. 

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo — tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

 (Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.)


An image of cardinal tobin.

Mi Oración para Ustedes

Por favor, únanse a mí en esta oración de Cuaresma:

Señor Jesús, durante la Cuaresma te buscamos en la oración leyendo las Sagradas Escrituras; te servimos dando limosna; y practicamos el autocontrol mediante el ayuno. Ayúdanos a recordar que estamos llamados no solo a abstenernos de los lujos durante la Cuaresma, sino también a una verdadera conversión interior del corazón mientras buscamos seguirte más fielmente. Amén.