Cardenal Tobin: El reto de la Política y los Asuntos Públicos
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Vol. 7. No. 4
Mis queridas hermanas y hermanos en Cristo:
El mundo de la política y los asuntos públicos a menudo presenta un desafío para el pensamiento claro y el juicio correcto. No es fácil saber cuáles son las respuestas correctas a las preguntas serias que se nos plantean cuando tratamos de tomar decisiones responsables sobre cuestiones de política pública.
Ninguno de nosotros tiene un juicio infalible sobre las cuestiones sociales. Lo que sí tenemos es una guía clara y coherente para tomar decisiones a la luz de la fe. Esta guía es, por supuesto, la doctrina social católica basada en la Sagrada Escritura y en 2000 años de reflexión informada sobre cuestiones fundamentales para vivir de acuerdo con el plan de Dios para las personas y las comunidades. La tarea de la ciudadanía fiel es aplicar estos principios básicos de la doctrina social católica a las circunstancias concretas de hoy.
Para ayudarnos en este proceso, a menudo complejo, los obispos de los Estados Unidos nos han proporcionado un marco útil llamado “Formando la Conciencia para ser Ciudadanos Fieles” (disponible en línea en www.usccb.org). Esta publicación identifica muchos de los temas importantes que están en juego hoy en día.
La doctrina social católica no le dice a nadie por quién o por qué debe votar, pero sí nos aconseja sobre los principios morales que deben aplicarse a cada tema importante. Luego, depende de nosotros estudiar las posiciones de los candidatos y las plataformas de los partidos políticos y determinar cuál es su postura en relación con los valores morales fundamentales.
La lista de temas críticos de la USCCB es extensa:
- La vida humana, incluyendo el aborto, la eutanasia, la pena de muerte y otros temas relacionados con la vida
- Promoción de la Paz
- Matrimonio y Vida Familiar
- Libertad religiosa
- Opción Preferencial por los Pobres.
- Atención sanitaria.
- Migración
- Educación Católica
- Promoción de la Justicia y Lucha Contra la Violencia.
- Lucha Contra la Discriminación Injusta.
- Cuidado de Nuestra Casa Común
- Comunicaciones, Medios de Comunicación y Cultura.
- Solidaridad Global
Y añadiría, para enfatizarlo:
- Las guerras, el terrorismo y la violencia que amenazan todos los aspectos de la vida y la dignidad humanas.
Obviamente, se trata de cuestiones complejas, y está claro que ningún candidato o partido político actual se ajusta perfectamente a la doctrina social católica en todos los temas. Sin embargo, quienes deseamos ser católicos fieles y ciudadanos responsables debemos comprender lo que está en juego en cada una de estas cuestiones, y debemos votar de acuerdo con nuestra conciencia informada.
Una conciencia informada es aquella que va más allá de lo políticamente correcto y de las ideologías de izquierda y derecha para encontrar la verdad. Una conciencia informada está abierta a las ideas de los demás, acoge con agrado el debate serio y respetuoso, y se niega a permitir que los prejuicios y las emociones nos distraigan de votar por personas y programas que promueven el bien común. Este es el corazón de la sinodalidad, y es esencial para un liderazgo eficaz y corresponsable tanto en los asuntos cívicos como eclesiales.
En su mensaje, el papa León XIV se hace eco de sus predecesores, Francisco, Benedicto XVI y Juan Pablo II, al proclamar en voz alta el “¡No!” de la Iglesia a la guerra y el “¡Sí!” a la paz y la fraternidad. Citando Evangelii Gaudium #227, el Santo Padre dice: “La voluntad de afrontar el conflicto, resolverlo y convertirlo en un eslabón de la cadena de un nuevo proceso” es el camino más sabio, el camino de los fuertes.
Pensemos en toda la violencia que hemos presenciado recientemente. Los discursos de odio parecen avivar las acciones violentas, lo que, a su vez, provoca más odio y enfado. Es un círculo vicioso que se sale de control.
Jesús nos enseñó con su poderoso ejemplo que la no violencia es el camino de los fuertes. También nos recordó que todos somos hijos de Dios y merecemos dignidad y respeto. A menos que podamos tratarnos con respeto, cortesía y dignidad, nunca conoceremos la paz.
La Iglesia no puede permanecer al margen en la lucha por la justicia, la paz y la estabilidad económica. Como nos recuerda el Papa León, “Reconocer que la otra persona es un hermano o una hermana significa liberarnos de la pretensión de creer que somos individuos aislados o de la lógica de establecer relaciones solo por interés propio”.
Que nuestra Santísima Madre María, Reina de la Paz, nos ayude a reconocer nuestra humanidad común como hermanas y hermanos en Cristo y como miembros de la única familia de Dios.
Sinceramente suyo en Cristo Redentor,
Cardenal Joseph W. Tobin, C.Ss.R.
Arzobispo de Newark
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA EVANGELII GAUDIUM
DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS OBISPOS, A LOS PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS, A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A LOS FIELES LAICOS
SOBRE EL ANUNCIO DEL EVANGELIO EN EL MUNDO ACTUAL
Solemnidad de Cristo Rey
Noviembre 24, 2013
Las enseñanzas de la Iglesia sobre cuestiones sociales
182. Las enseñanzas de la Iglesia sobre situaciones contingentes están sujetas a mayores o nuevos desarrollos y pueden ser objeto de discusión, pero no podemos evitar ser concretos —sin pretender entrar en detalles – para que los grandes principios sociales no se queden en meras generalidades que no interpelan a nadie. Hace falta sacar sus consecuencias prácticas para que “puedan incidir eficazmente también en las complejas situaciones actuales”.[148] Los Pastores, acogiendo los aportes de las distintas ciencias, tienen derecho a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas, ya que la tarea evangelizadora implica y exige una promoción integral de cada ser humano. Ya no se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo. Sabemos que Dios quiere la felicidad de sus hijos también en esta tierra, aunque estén llamados a la plenitud eterna, porque Él creó todas las cosas “para que las disfrutemos” (1 Tm 6,17), para que todos puedan disfrutarlas. De ahí que la conversión cristiana exija revisar “especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común”.[149]
183. Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe – que nunca es cómoda e individualista – siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos. Si bien “el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política”, la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”.[150] Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor. De eso se trata, porque el pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora, y en ese sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo. Al mismo tiempo, une “el propio compromiso al que ya llevan a cabo en el campo social las demás Iglesias y Comunidades eclesiales, tanto en el ámbito de la reflexión doctrinal como en el ámbito práctico”.[151]
184. No es el momento para desarrollar aquí todas las graves cuestiones sociales que afectan al mundo actual, algunas de las cuales comenté en el capítulo segundo. Éste no es un documento social, y para reflexionar acerca de esos diversos temas tenemos un instrumento muy adecuado en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, cuyo uso y estudio recomiendo vivamente. Además, ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos. Puedo repetir aquí lo que lúcidamente indicaba Pablo VI: “Frente a situaciones tan diversas, nos es difícil pronunciar una palabra única, como también proponer una solución con valor universal. No es éste nuestro propósito ni tampoco nuestra misión. Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país”.[152]

Un mensaje de Papa León XIV: En el Cristo único, somos uno
El mundo actual está marcado por conflictos y divisiones, lo que hace aún más importante que estén unidos por un “no” firme y valiente a la guerra y un “sí” a la paz y la fraternidad. Como nos enseñó el papa Francisco, la guerra no es la forma adecuada de resolver un conflicto. “La voluntad de afrontar el conflicto, resolverlo y convertirlo en un eslabón de la cadena de un nuevo proceso” (Evangelii Gaudium, 227) es el camino más sabio, el camino de los fuertes. Vuestra presencia da testimonio de esta sabiduría, que une culturas y religiones, y es esa fuerza silenciosa que nos permite reconocernos como hermanos y hermanas, a pesar de todas nuestras diferencias.
Según la Escritura, la primera relación fraterna entre Caín y Abel se convirtió de inmediato y trágicamente en conflictiva. Sin embargo, ese primer asesinato no debe llevarnos a concluir que “siempre ha sido así”. Por muy antigua o extendida que sea, la violencia de Caín no puede tolerarse como “normal”. Al contrario, la norma se revela en la pregunta de Dios al culpable: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4, 9). En esta pregunta encontramos nuestra vocación, la regla y la medida de la justicia. Dios no se venga de Caín por Abel, sino que le hace una pregunta que resuena a lo largo de la historia.
Hoy más que nunca, debemos hacer nuestra esta pregunta como principio de reconciliación. Una vez interiorizada, resonará así: “Hermano, hermana, ¿dónde estás?”. ¿Dónde estás en el “negocio” de las guerras que destrozan la vida de los jóvenes obligados a tomar las armas; que atacan a civiles indefensos, niños, mujeres y ancianos; que devastan ciudades, campos y ecosistemas enteros, dejando a su paso solo escombros y dolor? Hermano, hermana, ¿dónde estás entre los migrantes que son despreciados, encarcelados y rechazados, entre aquellos que buscan salvación y esperanza, pero encuentran muros e indiferencia? ¿Dónde estás, hermano, hermana, cuando se culpa a los pobres por su pobreza, se les olvida y se les descarta, en un mundo que valora más las ganancias que a las personas? Hermano, hermana, ¿dónde estás en una vida hiper-conectada en la que la soledad corroe los lazos sociales y nos convierte en extraños incluso para nosotros mismos?
La respuesta no puede ser el silencio. Tú eres la respuesta, con tu presencia, tu compromiso y tu valentía. La respuesta es elegir una dirección diferente para la vida, el crecimiento y el desarrollo.
Reconocer que la otra persona es un hermano o una hermana significa liberarnos de la pretensión de creer que somos individuos aislados o de la lógica de formar relaciones solo por interés propio. No es solo el interés propio lo que nos lleva a entablar relaciones. Las grandes tradiciones espirituales y la maduración del pensamiento crítico nos permiten ir más allá de los lazos sanguíneos o étnicos, más allá de esos parentescos que solo reconocen a quienes son similares y rechazan a quienes son diferentes. Es interesante que en la Biblia, tal y como revela la exégesis científica, sean los textos más recientes y maduros los que narran una fraternidad que trasciende las fronteras étnicas del pueblo de Dios y se fundamenta en una humanidad común. Las historias de la creación y las genealogías dan testimonio de que todas las personas, incluso los enemigos, tienen el mismo origen, y que la Tierra, con sus bienes, es para todos, no solo para algunos.
En el corazón de la encíclica Fratelli Tutti, leemos: “La amistad social y la fraternidad universal exigen necesariamente el reconocimiento del valor de cada persona humana, siempre y en todas partes” (n. 106).
La fraternidad es el nombre más auténtico de la cercanía. Significa redescubrir el rostro del otro. Quienes creen reconocen el Misterio: la imagen misma de Dios en el rostro del pobre, del refugiado e incluso del adversario.
(Una selección de las Palabras del Papa León XIV a los participantes en el Tercer Encuentro Mundial sobre la Fraternidad Humana, septiembre 25, 2025)

Mi Oración para Ustedes
Únanse a mí por favor en esta “Oración al Creador” de la encíclica del Papa Francisco, Fratelli Tutti: Sobre la Fraternidad y la Amistad Social.
Señor y Padre de la humanidad,
que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad,
infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal
Inspíranos un sueño de reencuentro,
de diálogo, de justicia y de paz.
Impúlsanos a crear sociedades más sanas
y un mundo más digno,
sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.
Que nuestro corazón se abra
a todos los pueblos y naciones de la tierra,
para reconocer el bien y la belleza
que sembraste en cada uno,
para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes,
de esperanzas compartidas. Amén.